LOS DÍAS Y LAS NOCHES

Estoy a punto de acabar mi novela y, en el ínterin, he ido psicoanalizándome. He descubierto facetas, rasgos de mi carácter que antes me eran desconocidos. Tiene que ver con Sitges y con las vacaciones escolares. Tiene que ver con las dos caras de Sitges, más bien, con que Julio, el protagonista de mi novela, se topa: la cultural, la maternal, que aflora a la superficie, que no entraña riesgos ni peligrosas aventuras; y la otra cara, nunca vista antes, la del descubrimiento del desenfreno, de la locura, de las profundas hondonadas de la noche, lo masculino. ¿Cuál de las dos prefiere, cuál de las dos persigue Julio? El lector lo sabrá.

Mi novela me ha hecho reflexionar: como lector, siempre he preferido libros escritos por mujeres, como le ocurre a mi protagonista. Mi infancia fue una infancia femenina, que encontraba consuelo en las palabras maternales. Siempre me he sentido más identificado con las mujeres, especialmente en el terreno artístico. Siempre me ha atraído esa emoción, que puede provenir de la maternidad, de lo telúrico o de un contacto más directo con los elementos, quién sabe. También es verdad que los escritores pueden dejar de lado su hombría condescendiente, pueden elevarse sobre lo terrenal y encontrar hallazgos poéticos. Julio navega en esa dualidad, se aleja de lo seguro y va más allá: intuye que la noche encierra un mundo masculino.

Nada de esto es, en el fondo, verdaderamente importante, todo se reduce a lo mismo: a los intentos de cada escritor o escritora de dar sentido a la existencia, de perderle cada día más el miedo o el respeto a la muerte. Tanto si uno opta por una escritura despojada, seca, o más telúrica y sensorial, la cuestión, al final, es crear un mundo propio que esté vivo de preguntas y que se oxigene con las mareas, las olas o el viento. En última instancia, el terreno de la poesía, de los ojos transformadores del mundo, no está circunscrito ni a las mujeres ni a los hombres, pertenece a ambos por igual; es terreno compartido.

Ha sido en esta novela que escribo donde he encontrado las respuestas a mis propias preguntas: ahora tengo que buscar referentes masculinos en las novelas, en los cuentos, e internarme en la noche. Desenmascararlos y alcanzar así la comunión ansiada del lector ideal. Fundirme en la música de los afectos mezclados; superar fronteras ideológicas. Observar que existen otras realidades que me aguardan y también necesitan pensarse y descubrirse. No sé lo que me aguarda en el camino.