DEFENSA DE LA LITERATURA

Voy a explicaros por qué me parece útil la literatura, por qué leer y escribir son actividades tan importantes. Cuando leemos o escribimos, frente a la página atiborrada de letras que, a simple vista, puede provocarnos un empacho, permitimos que se desarrolle nuestra imaginación. Accedemos a otros mundos, vivimos otras vidas, pasadas, presentes, futuras, que nos liberan del aburrimiento y la rutina. Podemos entrar en la cabeza de un arquitecto de las pirámides egipcias y saber lo que hablaba con sus subordinados; de un esclavo mestizo en una galera, que en tiempos de Colón escribía un diario; o asistir a la muerte de María Antonieta en la guillotina… Los ejemplos son miles. Se nos ofrece la posibilidad de viajar sin movernos de casa y cuando queramos, sin colas en el aeropuerto, ni empujones en el avión, sin hacer escala en ningún sitio, a los países remotos que aún no conocemos o bien a los que queremos volver a visitar.

Todos sabemos que ampliamos y alimentamos nuestro conocimiento; nuestra conversación se hace más fluida y amena si leemos, subrayamos o memorizamos pasajes enteros. Leer o escribir, a la larga, nos ayuda a recordar las tareas que ha mandado el profesor para el lunes próximo, a organizar los pensamientos en nuestra cabeza y hablar claro, sin titubeos. No solo es necesaria la literatura para escribir una novela o hablar ante el tribunal de la tesis doctoral. No solo desarrollamos las capacidades intelectuales. Las actividades que mejoran son también las físicas, de las que nunca o casi nunca nadie habla, las que ayudan a prevenir o postergar enfermedades degenerativas; ayudan a mejorar la salud de nuestro corazón.

Johannes Gutenberg
Johannes Gutenberg

Vosotros, los descreídos, que echáis pullas contra la literatura: ni Internet ni los videojuegos, ni la tele, ni el cine, ni los Smartphones. Hay un antes y un después con la invención de la imprenta por Gutenberg hacia 1440. La aparición de los libros electrónicos, recientemente, es verdad, nos ofrece herramientas que no debemos desaprovechar. Las nuevas tecnologías no necesariamente van reñidas con los libros. Algunas veces, sin embargo, nos facilitan tanto las tareas que nos vuelven, en consecuencia, más incultos y estúpidos. La cultura del esfuerzo es necesaria: leer para aprender, para atrapar el mundo, para conocernos más y conocer al otro. Leer un libro como un privilegio y desafío, no como una maldición divina: una llamada a ampliar nuestros horizontes, a mirar más allá, a elevarnos, a ver el mundo desde el cielo.

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