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OBRAS INCOMPLETAS

He cogido el autobús para venir hasta esta biblioteca. Me dispongo a pasar otro día aquí, para devorar montañas de libros. Selecciono unos cuantos, los llevo a la mesa para consultarlos; inspirado por ellos, me dispongo a escribir. Mi mano empieza a teclear en el ordenador,  el antídoto perfecto a la monotonía cotidiana. El tema ha surgido a raíz de observar reunidas tantas obras completas, en un intento por abarcarlas. La libertad que respiro me hace reflexionar: he llegado a la conclusión de que, si algún día publico las mías serán, por defecto, obras incompletas.

¿Por qué incompletas? Porque no sé si sobreviviré a la muerte, si habré escrito suficiente, tanto como quisiera, ni si la fatiga de la existencia y, sobre todo, si la guadaña mortal segará las ideas que solo podrán ser publicadas póstumamente. Mis poemas, mis novelas, mis cuentos no son ni serán más que la suma imperfecta de una vida dedicada a los libros: imperfecto el tono, imperfecto el alcance.

Pío Baroja
Pío Baroja

Así, he llegado a la conclusión de que el arte solo es importante, necesario, precisamente gracias a esa finitud, a esa imperfección, a la muerte, no a pesar de ella. La muerte llama a la misma vida; solo su límite nos completa, nos transforma. El tema de la vida es infinito y ningún artista puede agotarlo ni contenerlo totalmente, lo que lo hace grande, porque se mueve en las aguas del misterio, en la música de la ensoñación. Las desavenencias que al artista le tocaron en suerte le sirven para sobrepasar los límites de su precaria existencia, difícil, inevitable. No basta con un solo sujeto: el mundo está hecho de siglos, de milenios, de vidas pequeñas. El gesto del artista es el testimonio frágil, poderoso que apresa las migajas esparcidas inútilmente por el viento.

El conocimiento está por encima de él, muy arriba, le sobrepasa; solo si escribe, si crea, se siente abarcando, por instantes, el mundo que observa desde el balcón al despertarse por la mañana. Como las ideas platónicas, la totalidad se encuentra en alguna parte: el artista lo único que puede hacer es siquiera nombrarla, sugerirla, vislumbrarla. Eso es a lo que aspira: a convocar a sus lectores alrededor de esas palabras que surgieron misteriosas, opacas, pero que, sin embargo, le identifican. Que sobrevivan no es tema para esta columna, ni es importante para mí. Solo aspirando a cosas mortales, puedo crear obras maestras, grandes en su finitud, como el claroscuro de un dibujo al carboncillo, el fragmento de otra obra mayor, la vida.