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LA HABITACIÓN DE VIRGINIA WOOLF

Releo Una habitación propia, en donde Virginia Woolf reflexiona sobre la independencia económica de la mujer y en donde argumenta que para escribir novelas, lejos del reclamo de los maridos y de los hijos, esta debe poseer un cuarto privado. Las mujeres, la gran mayoría, aún a principios del siglo XX, solo escribían novelas: debían compartir con el resto de la familia el espacio del salón si querían escribir y redactar poesía exigía aún mayor concentración. Es un libro sabio, escrito de pies a cabeza para que el lector se entretenga y, al mismo tiempo, que se interese por la situación de la mujer, que aún hoy me sigue pareciendo de una bárbara injusticia.

No puedo evitar preguntarme si no ha evolucionado en algo la especie humana y me digo que no, que aún hay mucho por hacer. Eso salta a la vista: todavía vivimos en una sociedad fuertemente patriarcal. Sí, ya sé: desde 1919 las mujeres pueden votar; además, pueden opinar libremente y estudiar en la universidad. Pero también se enfrentan a retos distintos: deben conciliar el trabajo con la maternidad, cosa que no siempre es posible. Siguen percibiendo menos ingresos. Y no pueden acceder tan fácilmente a determinados oficios. Por poner un claro ejemplo: la presencia de las mujeres en la Real Academia es muy escasa: actualmente solo son 5 del total de los 46 académicos de la institución.

Todo esto es así porque los hombres temen perder su estatus social y sus prebendas al aceptarlas y acogerlas. Los defensores de los derechos de la mujer topamos con la indiferencia de la sociedad. Ya no es solo para defender a aquellas que sufren violencia de género. Es también lo más elemental: leer a nuestras escritoras y escuchar una voz mágica, una voz propia, que atrapa y fascina; leerlas con profunda admiración y cariño. A menudo es una mirada diáfana, otra sensibilidad para describir el color de los sentimientos.

¿Cuántas piedras le quedan por cargar al Sísifo inmortal de la montaña? ¿Cuándo se detendrá y dejará de existir el (casi eterno) suplicio de las mujeres hasta que caigamos en la cuenta del absurdo deshonor al que se enfrentan? Si ahora Virginia Woolf levantara la cabeza, quizá escribiría otro libro, muy semejante a Una habitación propia, y sus palabras apenas cambiarían. Seguiría muy indignada; seguiría ultrajada. Porque Woolf fue muy valiente y sabia y ahora hacen falta palabras valientes y sabias contra la indiferencia; faltan otras palabras para que las mujeres conquisten el centro y la plena igualdad.